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Semillas de Paz y Bien

Sínodo 2023

Hermanos: ¡Paz y Bien!

 

El título de esta reflexión nos pide que, en primer lugar, aclaremos nuestras ideas sobre lo que significa “sínodo”. Si buscamos esta palabra en el diccionario de la Real Academia Española la primera definición que vamos a encontrar es esta: “Concilio (reunión) de los obispos”. Sin embargo, el Sínodo que nos ocupa no se limita solo a esto (como iremos viendo).

El 7 de septiembre de 2021 fue publicado el Documento preparatorio para el Sínodo a celebrar en 2023. Este Sínodo tiene un cariz verdaderamente novedoso. En el punto 1 del citado Documento leemos:

“La Iglesia de Dios es convocada en Sínodo. El camino, cuyo título es «Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión», se iniciará solemnemente el 9-10 de octubre del 2021 en Roma y el 17 de octubre siguiente en cada Iglesia particular (en cada diócesis). Una etapa fundamental será la celebración de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, en el mes de octubre del 2023, a la cual seguirá la fase de actuación, que implicará nuevamente a las Iglesias particulares. Con esta convocatoria, el Papa Francisco invita a toda la Iglesia a interrogarse sobre un tema decisivo para su vida y su misión: ‘Precisamente el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio’. Este itinerario, que se sitúa en la línea del «aggiornamento» (puesta al día) de la Iglesia propuesto por el Concilio Vaticano II, es un don y una tarea: caminando juntos, y juntos reflexionando sobre el camino recorrido, la Iglesia podrá aprender, a partir de lo que irá experimentando, cuáles son los procesos que pueden ayudarla a vivir la comunión, a realizar la participación y a abrirse a la misión. Nuestro ‘caminar juntos’, en efecto, es lo que mejor realiza y manifiesta la naturaleza de la Iglesia como Pueblo de Dios peregrino y misionero.”

Perdonad, hermanos, lo extenso de la cita, pero me ha parecido oportuno transcribirla para mayor claridad. La novedad de este Sínodo viene expresada en las primeras palabras: no sólo los obispos (como en sínodos anteriores), sino toda la Iglesia es convocada a este Sínodo de 2023: es decir, el Papa desea que todo cristiano pueda aportar su opinión y su colaboración en la marcha “de la Iglesia como Pueblo de Dios peregrino y misionero”. Como nos dice nuestro Arzobispo, D. José Ángel, “El Sínodo es una oportunidad, un don de Dios, para crecer en la comunión con Jesús y con nuestros hermanos”.

Con el objeto de dar cabida a todos los bautizados en la tarea sinodal, el trabajo se ha articulado en tres fases:

  • Fase diocesana: de octubre de 2021 a agosto de 2022 (en nuestra Diócesis el camino sinodal se inició el pasado 17 de octubre, con la celebración de la Eucaristía en la Catedral).
  • Fase continental: de septiembre de 2022 a marzo de 2023.
  • Fase universal: en octubre de 2023 (celebración de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos)

Como Hermandad estamos llamados a participar en la fase diocesana del Sínodo: a ello nos convoca D. Marcelino, Delegado Diocesano de Hermandades y Cofradías, en nombre de nuestro Arzobispo. A veces, hermanos, se nos critica a las Hermandades por estar encerradas en sí mismas, por ir “ a nuestro aire”, como si no formásemos parte de la Iglesia diocesana; ciertamente, no es este nuestro deseo. Por ello, se nos presenta ahora una oportunidad singular de demostrar lo que queremos ser: comunidades cristianas vivas, arraigadas en Cristo Resucitado, que quieren vivir la comunión (la sinodalidad) caminando junto con la Iglesia universal, a través de nuestra Iglesia diocesana.

Como hombres y mujeres de fe, hermanos, nos dejamos iluminar por la Palabra de Dios para ahondar en lo que nos pide el Señor al celebrar este Sínodo, con el objetivo de que no se quede todo en un mero cumplimiento, sino que realmente nos ayude en nuestra vida personal y de Hermandad:

a) en los Hechos de los Apóstoles se nos dice que los cristianos “vivían todos unidos” ( cf. Hechos de los Apóstoles, 2, 42-47):

* tengamos en cuenta que Dios nunca nos pide la uniformidad (como si fuésemos “cristianos en serie”), sino la unidad de fe en Cristo (ya que Dios mismo nos crea personalmente únicos e irrepetibles, con la colaboración de nuestros padres);

b) se trata, por tanto, de construir la vida en común (en todos los ámbitos de nuestra existencia: familia, hermandad, trabajo, etc.): esto puede parecer una utopía (esto es, un ideal irrealizable), pero es algo posible (aunque difícil) si nos dejamos ayudar por el Señor (recordemos Juan 15, 5, donde nos dice Cristo que sin Él no podemos hacer nada);

c) en el evangelio de San Juan (cf. Juan 20, 19-31) se nos hace ver que hemos de permitir entrar a Jesucristo Resucitado en nuestra corazón y en nuestra vida, sin dejar que el miedo nos ofusque (nos impida ver la realidad del Amor de Dios), dificultándonos acoger la Misericordia del Señor Jesús, Stmo. Cristo de la Salvación.

Para poder vivir todo lo anterior, Jesucristo nos regala el gran Don de Dios: el Espíritu Santo, la Tercera Persona de la Stma. Trinidad (según nos dice el evangelio de San Juan citado):

** de esta manera, podemos acoger estos frutos de la Resurrección del Señor Jesús:

    • la paz verdadera, la cual no es una mera ausencia de problemas y dificultades, sino ser capaz de arrostrar (de hacer frente) a la vida cotidiana confiados en la Victoria de Jesucristo, siguiendo el ejemplo singular de fe de nuestra Madre, Ntra. Sra. de la Soledad; así pues, “Todos junto a la Madre y bajo la Cruz”;
    • la alegría verdadera, que se fundamenta en el Amor de Dios manifestado en Cristo Salvador (cf. Romanos 8, 38-39), y -por consiguiente- no es una especie de jarana, de juerga, pasajera;

** estos frutos nos posibilitan acoger la Misericordia de Dios para ser nosotros “transparencias” del Señor, colaborando con nuestras buenas palabras y nuestras buenas obras a que su Misericordia llegue a los demás.

Hermanos, sigamos confiando en Dios, a pesar de las circunstancias de pandemia que seguimos sufriendo, pues como testigos del Resucitado, como verdaderos cristianos (miembros de nuestra entrañable y querida Hermandad), debemos continuar teniendo fe en el Señor (como Él nos pide en la persona de Santo Tomás: volvemos a recordar el evangelio de San Juan mencionado), dado que su Misericordia es eterna (nos repite el Salmo 117). Por tanto, abramos una vez más nuestro corazón al Stmo. Cristo de la Salvación, luchando decididamente contra nuestro egoísmo para dejarnos llenar del Espíritu Santo, y de la cariñosa mano de nuestra Madre, Ntra. Sra. de la Soledad, y con la fraternal ayuda de San Francisco de Asís, sembremos la Paz y el Bien, día a día, con ilusión y entrega.

 

Un fuerte abrazo fraterno.
 
¡Que el Señor os bendiga a todos!

 

Fr. Luis Vicente García Chaves, O.F.M.

Director Espiritual

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Real, Ilustre y Franciscana Hermandad y Cofradía de Nazarenos de la Santa Cruz en el Monte Calvario, Santísimo Cristo de la Salvación y Nuestra Señora de la Soledad.

 

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