VIERNES DE LA OCTAVA DE PASCUA/A
17 DE ABRIL DE 2020

**PALABRA DE DIOS:
-Hechos de los Apóstoles 4, 1-12
-Salmo responsorial: 117
-Juan 21, 1-14

Primera lectura
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (4,1-12):

EN aquellos días, mientras Pedro y Juan hablaban al pueblo, después de que el paralítico fuese sanado, se les presentaron los sacerdotes, el jefe de la guardia del templo y los saduceos, indignados de que enseñaran al pueblo y anunciaran en Jesús la resurrección de los muertos. Los apresaron y los metieron en la cárcel hasta el día siguiente, pues ya era tarde. Muchos de los que habían oído el discurso creyeron; eran unos cinco mil hombres. Al día siguiente, se reunieron en Jerusalén los jefes del pueblo, los ancianos y los escribas, junto con el sumo sacerdote Más, y con Caifás y Alejandro, y los demás que eran familia de sumos sacerdotes, Hicieron comparecer en medio de ellos a Pedro y a Juan y se pusieron a interrogarlos:
«¿Con qué poder o en nombre de quién habéis hecho eso vosotros?».
Entonces Pedro, lleno de Espíritu Santo, les dijo:
«Jefes del pueblo y ancianos: Porque le hemos hecho un favor a un enfermo, nos interrogáis hoy para averiguar qué poder ha curado a ese hombre; quede bien claro a todos vosotros y a todo Israel que ha sido el Nombre de Jesucristo el Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por este Nombre, se presenta este sano ante vosotros. Él es "la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular"; no hay salvación en ningún otro, pues bajo el cielo no se ha dado a los hombres otro nombre por el que debamos salvarnos».

Palabra de Dios

Salmo

Sal 117,1-2.4.22-24.25-27a

R/. La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia. R/.

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.
Éste es el día que hizo el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo. R/.

Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.
Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios, él nos ilumina. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan (21,1-14):

EN aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera:
Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, apodado el Mellizo; Natanael, el de Caná de Galilea; los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.
Simón Pedro les dice:
«Me voy a pescar».
Ellos contestan:
«Vamos también nosotros contigo».
Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.
Jesús les dice:
«Muchachos, ¿tenéis pescado?».
Ellos contestaron:
«No».
Él les dice:
«Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis».
La echaron, y no podían sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo a quien Jesús amaba le dice a Pedro:
«Es el Señor».
Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque rio distaban de tierra más que unos doscientos codos, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan.
Jesús les dice:
«Traed de los peces que acabáis de coger».
Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.
Jesús les dice:
«Vamos, almorzad».
Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor.
Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado.
Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.

Palabra del Señor

REFLEXION DE NUESTRO DIRECTOR ESPIRITUAL

Hermanos: ¡Paz y Bien!

Sufriendo todavía esta situación adversa causada por la terrible pandemia del coronavirus, llegamos al Viernes de la Octava de Pascua; como cada viernes nos hubiésemos reunidos para celebrar nuestra Misa de Hermandad; dadas las circunstancias actuales, lo hacemos reflexionado a la luz de las lecturas bíblicas del día, haciendo presentes en nuestro corazón las benditas Imágenes del Stmo. Cristo de la Salvación y de Ntra. Sra. de la Soledad.

Antes que nada, debemos explicar qué es la "Octava de Pascua": se denomina así a los ocho días que van desde el Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor hasta el II Domingo de Pascua, o sea, a los días inmediatos posteriores al Domingo de la Resurrección de Cristo. En esta Octava hemos de celebrar la Resurrección de Jesús de una forma muy especial, expresando singularmente nuestro gozo, sincero y hondo, por la Victoria de Jesucristo sobre la muerte; esta alegría desbordante tenemos que expresarla -en realidad- durante la cincuentena (es decir, los cincuenta días) del Tiempo Pascual, el cual abarca desde el Domingo de la Resurrección hasta el Domingo de Pentecostés, por más que el gozo por la Resurrección de Cristo debe llenar todo el año cristiano.

Pues bien, la Palabra de Dios de este día -en mi humilde opinión- nos ofrece las siguientes enseñanzas (sin olvidar que de ella podemos sacar otras muchas):
a) la primera es que tenemos que asumir que el ser cristianos implica ser verdaderos testigos de la Victoria del Señor Jesús sobre todo lo malo, inclusive sobre la muerte, sin olvidar que hemos de ser testigos creíbles para los hombres y mujeres de nuestro tiempo, no meros "testigos desde la teoría"; nos viene bien, pues, recordar lo que nos dice San Francisco: "El mejor predicador es Fray Ejemplo";

b) por tanto, habremos de tener presente la primera lectura, tomada de los Hechos de los Apóstoles, donde aparecen San Pedro y San Juan dando valiente testimonio de la Resurrección, haciendo hincapié en que solo Jesús puede salvarnos, ya que únicamente Él, Stmo. Cristo de la Salvación, colma nuestra ansia de verdadera felicidad;

c) esto supone descubrir la Presencia del Señor Resucitado en nuestra vida cotidiana como San Pedro y sus compañeros de pesca, quienes se dan cuenta de que Jesucristo Glorioso está en la orilla y los anima a echar las redes en su Nombre, obteniendo entonces lo que no habían podido lograr con su solo esfuerzo (recordamos el evangelio de San Juan de este día);

d) para poder descubrir al Resucitado en nuestra existencia diaria y fiarnos de Él siendo testigos creíbles de su Victoria, necesitamos el Espíritu Santo (la Tercera Persona de la Stma. Trinidad), de quien nos dice la primera lectura que estaba lleno San Pedro cuando respondió "a los jefes del pueblo, los ancianos y los escribas", pues sin el Señor no podemos hacer nada bueno (cf. Juan 15, 5): pidamos, pues, en nuestra oración diaria ser humildes de verdad para hacernos capaces de acoger en nuestro corazón al mismo Dios, siguiendo el ejemplo singular de nuestra Madre, Ntra. Sra. de la Soledad.

Hermanos, siempre tenemos que "Dar gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia" (según nos dice el Salmo 117). Por ello, incluso en medio de las dificultades cotidianas -inmersos aún en esta terrible pandemia-, vivamos nuestra fe con sinceridad y hondura: abramos nuestro corazón, todo nuestro ser, al Stmo. Cristo de la Salvación, dejémonos llenar del Espíritu Santo, y cogidos de la mano cariñosa de nuestra Madre, Ntra. Sra. de la Soledad, y con la ayuda fraterna de San Francisco de Asís, sembremos la Paz y el Bien, cada día, con ilusión y entrega.

Un fuerte abrazo fraterno.

¡Que el Señor os bendiga a todos!

Fr. Luis Vicente García Chaves, O.F.M.
Director espiritual

Comparte en tu red social

Submit to FacebookSubmit to Google BookmarksSubmit to Twitter

Lecturas del Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor

Domingo, 12 de abril de 2020
Primera lectura
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (10,34a.37-43):

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:
«Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.
Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en la tierra de los judíos y en Jerusalén. A este lo mataron, colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y le concedió la gracia de manifestarse, no a todo el pueblo, sino a los testigos designados por Dios: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección de entre los muertos.
Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos. De él dan testimonio todos los profetas: que todos los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados».

Palabra de Dios


Salmo

Sal 117,1-2.16ab-17.22-23

R/. Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia. R/.

«La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa».
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor. R/.

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente. R/.

Segunda lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses (3,1-4):

HERMANOS:
Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.
Porque habéis muerto; y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros apareceréis gloriosos, juntamente con él.

Palabra de Dios

Secuencia
Hoy es obligatorio decir la Secuencia. Los días dentro de la Octava es potestativo.

Ofrezcan los cristianos
ofrendas de alabanza
a gloria de la Víctima
propicia de la Pascua.

Cordero sin pecado
que a las ovejas salva,
a Dios y a los culpables
unió con nueva alianza.

Lucharon vida y muerte
en singular batalla,
y, muerto el que es la Vida,
triunfante se levanta.

«¿Qué has visto de camino,
María, en la mañana?»
«A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,

los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!

Venid a Galilea,
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua.»

Primicia de los muertos,
sabemos por tu gracia
que estás resucitado;
la muerte en ti no manda.

Rey vencedor, apiádate
de la miseria humana
y da a tus fieles parte
en tu victoria santa.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan (20,1-9):

El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:
«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró.
Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte.
Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.
Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

Palabra del Señor

DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR/CICLO A 12 DE ABRIL DE 2020

REFLEXIÓN DE NUESTRO DIRECTOR ESPIRITUAL.

**PALABRA DE DIOS:
-Hechos de los Apóstoles, 10, 34a.37-43
-Salmo responsorial: 117
-Colosenses 3, 1-4
[-Secuencia: "Ofrezcan los cristianos..."]
-Juan 20, 1-9

Hermanos: ¡Paz y Bien!

Inmersos aún en las circunstancias producidas por la pandemia del coronavirus, celebramos y hacemos presente nuestra principal fiesta: la Pascua de Cristo, el "paso" de Jesús de la muerte a la Vida verdadera, a la vida gloriosa: su Resurrección... Por tanto, con toda la creación y con todos los hombres y mujeres de buena voluntad, cantemos y proclamemos, henchidos -repletos- de gozo: ¡Aleluya! ¡Gloria al Señor!...; y esto hemos de hacerlo a pesar de la situación, tan dramática, dolorosa y adversa que estamos viviendo... Nos dejamos iluminar por la Palabra de Dios de este gozoso Domingo de Pascua (haciéndoos notar que, evidentemente, la Secuencia no es Palabra de Dios, sino un bellísimo y antiguo himno a Cristo Resucitado).

Antes que nada, la Pascua nos pide un profundo acto de fe: sí, el Señor Jesús realmente está vivo: este es el mensaje central del Evangelio: ¡¡¡Jesús ha resucitado!!! Por tanto, hermanos, no lo busquemos "entre los muertos" (como nos hace ver el evangelio de San Juan de hoy)... El Cristianismo es la religión de la vida, de la luz, de la alegría, de la esperanza: ¡que se note en nuestra vida cotidiana!, que no parezcamos los cristianos unos "amargados", sino que -a pesar de todo- tengamos siempre en nuestro corazón creyente la seguridad de saber que "(nada ni nadie) podrá apartarnos nunca del Amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro" (cf. Romanos 8, 38-39).
...Sí, Cristo vive, y vive en nosotros y entre nosostros; por ello, que las "tormentas" de la vida (dolores físicos y morales, angustias, miedos, dificultades,...) jamás ahoguen nuesta alegría profunda en el Señor Jesús, pues debemos creer con firmeza que Jesucristo ya ha vencido escatológicamente (esto es, definitivamente) todo lo malo -todo lo que nos angustia-, incluso la muerte: es decir, Cristo ha vencido todo lo que nos impide vivir, en plenitud, como hijos de Dios y hermanos de todos, aunque mientras caminemos por este mundo sintamos los zarpazos del dolor en nuestro corazón... También el Señor Jesús los sintió (recordemos el momento de su atroz y tremenda angustía en el Monte de los Olivos), pero se confió en las manos del Padre y (tras morir en la Cruz), puesto que es Dios y Hombre, resucitó y venció a la muerte para siempre: por eso, es el Stmo. Cristo de la Salvación... De esta forma, hermanos, la gente notará que nuestro gozo por la Resurrección de Jesucristo es sincero, hondo y verdadero (y no una especie de jarana, de juerga, pasajera).

Por otro lado, no hemos de olvidar que la Pascua de Jesús es también la nuestra: por el Bautismo estamos unidos a Él, a su Misterio Pascual (a su Pasión Muerte y Resurrección); y, por eso, tenemos que esforzarnos por vivir la radical novedad de la Pascua haciendo vida nuestro bautismo, transformando -pues- toda nuestra existencia con la ayuda amorosa de nuestra Madre, Ntra. Sra. de la Soledad; es decir, debemos ser y hacer, hablar y actuar como Cristo, buscando los "bienes de arriba (del cielo)" -según nos dice la lectura de la carta de San Pablo a los Colosenses-.

Así pues, hermanos, la Pascua nos pide ser testigos, verdaderos y creíbles, de Cristo Resucitado, quien "pasó haciendo el bien" (recordamos la primera lectura, tomada de los Hehos de los Apóstoles): por tanto, debemos ser mujeres y hombres entregados al bien, y al bien de los demás antes que al propio, como miembros de nuestra querida Hermandad; se trata, pues, de vivir desde la misericordia entrañable, que tan bien ilustra San Francisco con estas palabras: "(que no haya nadie) que haya pecado todo cuanto puede pecar y que, después de haber visto tus ojos, (...) se aparte de ti sin tu perdón (sin tu misericordia)" (cf. Carta a un Ministro -esto es, a un Responsable de la Familia Franciscana-, 9-11).

Como nos dice la Secuencia "lucharon vida y muerte en singular batalla, y, muerto el que es la Vida (Jesucristo), triunfante (Resucitado) se levanta". Ciertamente, "este es el día que hizo el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo" (como proclama el Salmo 117). Por tanto, abramos una vez más nuestro corazón al Stmo. Cristo de la Salvación, luchando decididamente contra nuestro egoísmo para dejarnos llenar del Espíritu Santo (de la Luz y la Fuerza de Jesucristo Resucitado), y de la cariñosa mano de nuestra Madre, Ntra. Sra. de la Soledad, y con la fraternal ayuda de San Francisco de Asís, sembremos la Paz y el Bien, siempre, con ilusión y entrega.

Hermanos, de todo corazón, ¡¡Feliz Pascua de Resurrección!!... Que la Aurora luminosa de este hermoso día venza la oscuridad de las "tinieblas" (todo lo malo, también la pandemia que estamos sufriendo) que nos encontremos a lo largo de nuestra vida, confiados en la intercesión maternal de la Virgen María, Madre de Cristo Resucitado y nuestra Madre espiritual.

Un fuerte abrazo fraterno.

¡Que el Señor os bendiga a todos!

Fr. Luis Vicente García Chaves, O.F.M.
Director espiritual

Comparte en tu red social

Submit to FacebookSubmit to Google BookmarksSubmit to Twitter

 

escudo

Real, Ilustre y Franciscana Hermandad y Cofradía de Nazarenos de la Santa Cruz en el Monte Calvario,
Santísimo Cristo de la Salvación y Nuestra Señora de la Soledad

C/ Santas Patronas 43 Acc
41001 - Sevilla
954 22 58 74 whatssapp646453246
Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

Top of Page