Nuestra Hermandad, por mediación de la Diputación de Caridad y Acción Social, ha colaborado una vez más con la Residencia de Mayores Montetabor haciendo entrega de 500 pares de guantes, y 100 mascarillas. 

Asimismo, ésta diputación continua llevando a cabo una asidua colaboración con la Parroquia de Nuestra Señora del Águila, de la querida Fraternidad Franciscana de Palmete, entregando en esta ocasión, 800 kilos de alimentos esenciales. Éstos alimentos anteriormente citados, servirán para sufragar las necesidades más básicas de muchas familias desfavorecidas de la barriada de Palmete, que a raíz y como consecuencia de la terrible pandemia del COVID - 19  ha aumentado su situación de vulnerabilidad.

Paz y Bien.

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VI DOMINGO DE PASCUA /CICLO A
17 DE MAYO DE 2020

**PALABRA DE DIOS:
-Hechos de los Apóstoles, 8, 5-8.14-17
-Salmo responsorial: 65
-1ª Pedro 3, 15-18
-Juan 14, 15-21

Primera lectura
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (8,5-8.14-17):

EN aquellos días, Felipe bajó a la ciudad de Samaría y les predicaba a Cristo. El gentío unánimemente escuchaba con atención lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría. Cuando los apóstoles, que estaban en Jerusalén, se enteraron de que Samaría había recibido la palabra de Dios, enviaron a Pedro y a Juan; ellos bajaron hasta allí y oraron por ellos, para que recibieran el Espíritu Santo; pues aún no había bajado sobre ninguno; estaban solo bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 65,1-3a.4-5.6-7a.16.20

R/. Aclamad al Señor, tierra entera

Aclamad al Señor, tierra entera;
tocad en honor de su nombre,
cantad himnos a su gloria.
Decid a Dios: « ¡Qué temibles son tus obras!». R/.

Que se postre ante ti la tierra entera,
que toquen en tu honor,
que toquen para tu nombre.
Venid a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas en favor de los hombres. R/.

Transformó el mar en tierra firme,
a pie atravesaron el río.
Alegrémonos en él.
Con su poder gobierna eternamente. R/.

Los que teméis a Dios, venid a escuchar,
os contaré lo que ha hecho conmigo.
Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica
ni me retiró su favor. R/.

Segunda lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro (3,1.15-18):

QUERIDOS hermanos:
Glorificad a Cristo el Señor en vuestros corazones, dispuestos siempre para dar explicación a todo el que os pida una razón de vuestra esperanza, pero con delicadeza y con respeto, teniendo buena conciencia, para que, cuando os calumnien, queden en ridículo los que atentan contra vuestra buena conducta en Cristo.
Pues es mejor sufrir haciendo el bien, si así lo quiere Dios, que sufrir haciendo el mal.
Porque también Cristo sufrió su pasión, de una vez para siempre, por los pecados, el justo por los injustos, para conduciros a Dios. Muerto en la carne pero vivificado en el Espíritu.

Palabra de Dios

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (14,15-21):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque. no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros. No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».

Palabra del Señor

REFLEXION DE NUESTRO DIRECTOR ESPIRITUAL

Hermanos: ¡Paz y Bien!

Aún inmersos en la situación provocada por la pandemia del coronavirus que seguimos sufriendo, celebramos el VI Domingo de Pascua: es nuestro sincero deseo hacerlo como buenos cristianos, con el fin de ir mejorando nuestro vida de fe, esperanza y caridad.

Continuamos, pues, avanzando en la senda del tiempo litúrgico de Pascua. Así pues, hemos de recordar que vivir la radical novedad de la Pascua, de la Victoria escatológica (total y definitiva) de Jesucristo sobre todo lo malo, incluso sobre la muerte, supone que nosotros seamos -de verdad- testigos del Resucitado.

Para poder dar, cada día, testimonio cristiano (como miembros de nuestra entrañable y querida Hermandad, no lo olvidemos) tenemos que saber dar a todos "razón de (nuestra) esperanza", como nos dice la segunda lectura (tomada de la primera carta de San Pedro). Esto implica preguntarnos cada uno: ¿cuál es la escala axiológica (es decir, la escala de valores) que me mueve a actuar de una forma u otra? Esto puede parecer algo complicado, pero (en el fondo) se trata de asumir lo que hemos pedido a Dios en la denominada "Oración Colecta" (la primera de la Eucaristía): transformar nuestra vida (buscando el bien) y que se note en nuestras obras diarias.

Y es que, hermanos, vivir la radical novedad de la Pascua nos pide poner al Señor Jesús, Stmo. Cristo de la Salvación, en el centro de nuestro corazón, para que Él oriente, impulse e ilumine la escala axilológica, la escala de valores, por la que nos conducimos en la vida. Como nos dice el Papa Francisco, tenemos que poner a Dios en el centro de nuestro corazón para vivir en la caridad de Jesuscristo, seguros de que Él "no (nos va a dejar) huérfanos", pues va a pedir al Padre que nos envíe "el Espíritu de la verdad", el Espíritu Santo, la Tercera Persona de la Santísima Trinidad (según nos dice el Señor Jesús en el evangelio de San Juan de este VI Domingo de Pascua).

Lo anterior nos exige:

a) ser mujeres y hombres de fe, y serlo siempre y en todo lugar (como se suele decir, "a las duras y a las maduras");

b) pero ser cristianos "de pie a cabeza", no de mala gana ni con caras de "amargados", sino "con mansedumbre y respeto y en buena conciencia" (volvemos a recordar la segunda lectura);

c) de esta manera, colaboraremos para que nuestra "ciudad" (esto es, las personas con las que nos relacionamos y nosotros mismos) "se (llene) de alegría" (tenemos presente lo que nos dice la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles);

d) hemos, pues, de recordar que la alegría a la que nos estamos refiriendo, la alegría verdadera, se fundamenta en el Amor de Dios manifestado en Jesucristo, nuestro Salvador (cf. Romanos 8, 38-39), y-por consiguiente- no es una especie de juerga, de jarana, pasajera (como ya hemos dicho en reflexiones anteriores);

e) así pues, tenemos que pedir a nuestra Madre, Ntra. Sra. de la Soledad (singular ejemplo de vida para nosotros después de Cristo, nuestro verdadero y único Maestro), que nos enseñe a saber acoger, todos los días, el Espíritu Santo:

*con humildad: ("Aquí está Esclava del Señor"); pero, al mismo tiempo,

*con el suficiente coraje como para ponerse manos a la obra y colaborar decididamente en el Plan de Salvación de Dios: ("Hágase en mí según tu palabra").

**(Cf. Lucas 1, 38; estas palabras de la Virgen forman parte del pasaje evangélico de la Anunciación).

De esta forma, estaremos esforzándonos por vivir la conversión cristiana (siendo mejores cada día con la ayuda del Señor), para amar a Jesucristo guardando sus mandamientos, que -recordemos- se resumen en el amor cristiano: amar a Dios sobre todo y al prójimo como a uno mismo (volvemos a tener presente el evangelio de hoy).

Hermanos, a pesar de todos los pesares, "alegrémonos con Dios" (como nos pide el Salmo 65), seguros de la Presencia, amorosa y continua, del Señor en nuestro día a día: no dejemos, pues, nunca que las "telarañas" de la vida nos engañen. Por tanto, una vez más, abramos nuestro corazón al Stmo. Cristo de la Salvación, dejándonos llenar del Espíritu Santo, y cogidos de la cariñosa mano de nuestra Madre, Ntra. Sra. de la Soledad, y con la ayuda fraterna de San Francisco de Asís, sembremos la Paz y el Bien todos los días, con ilusión y entrega.

Un fuerte abrazo fraterno.

¡Que el Señor os bendiga a todos!

Fr. Luis Vicente García Chaves, O.F.M.
Director espiritual

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