Abr 03

Viernes de Dolores. Reflexión de Nuestro Director Espiritual.

Primera lectura
Lectura de la carta a los Hebreos (5,7-9):

Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, cuando en su angustia fue escuchado. Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 30,2-3a.3b-4.5-6.15-16.20

R/. Sálvame, Señor, por tu misericordia

A ti, Señor, me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
tú, que eres justo, ponme a salvo,
inclina tu oído hacia mí. R/.

Ven aprisa a librarme,
sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;
por tu nombre dirígeme y guíame. R/.

Sácame de la red que me han tendido,
porque tú eres mi amparo.
A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás. R/.

Pero yo confío en ti, Señor,
te digo: «Tú eres mi Dios.»
En tu mano están mis azares:
líbrame de los enemigos que me persiguen. R/.

Qué bondad tan grande, Señor,
reservas para tus fieles,
y concedes a los que a ti se acogen
a la vista de todos. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan (19,25-27):

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena.
Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.»
Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.»
Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.

Palabra del Señor

 

**PALABRA DE DIOS (lecturas del día 15 de septiembre, en que celebramos a la Bienaventurada Virgen María de los Dolores):

-Hebreos 5, 7-9
-Salmo responsorial: 30
-Juan 19, 25-27

Hermanos: ¡Paz y Bien!

Inmersos todavía en estas circunstancias tan especiales, dramáticas y dolorosas, en este denominado tradicionalmente "Viernes de Dolores", deseamos dejarnos iluminar por la Palabra de Dios de la que habría sido nuestra Eucaristía preparatoria de la Estación de Penitencia (ya que el Viernes Santo no se celebra la Eucaristía, sino el Oficio de la Pasión del Señor): hemos escogido las lecturas del día 15 de septiembre, en el cual celebramos a la Bienaventurada Virgen María de los Dolores, por ser más acordes para nuestro caso... Y lo hacemos con el corazón encogido, pero confiados en el Amor del Stmo. Cristo de la Salvación y bajo la mirada cariñosa de nuestra Madre, Ntra. Sra. de la Soledad, a quien recordamos en su bellisimo "paso", traspasada de dolor y de angustia, pero serena y augusta, apoyada en su fe profunda y sincera; por eso, hemos de rogarle al Señor que nuestro corazón encogido se cambie en un corazón henchido, lleno, de su verdadero gozo.

Como siempre, hermanos, no podemos quedarnos solamente en lo que "se ve" (que, en este caso, es lo que recordamos con los ojos de nuestro corazón), sino que debemos profundizar: ¿qué encontramos en nuestro interior?... En estos días, únicos de nuestra bendita tierra (pero tan extraños en este 2020), seguro que hallamos muchas ganas de que pronto pase esta situación, cuando otros años hemos encontrado unos deseos, no fáciles de disimular, de que llegase el Viernes Santo, viviendo toda la Semana Santa en plenitud.

Sin embargo, en este año 2020, nuestra Procesión con la bendita Imagen de nuestra Madre, Ntra. Sra. de la Soledad, habremos de hacerla no por las calles de Sevilla sino desde lo más íntimo de nuestro corazón, aunque -eso sí-, unidos los unos con los otros con verdadero sentido de Hermandad. Pero hay algo que tenemos que tener muy claro: si salimos en procesión es para mostrar y demostrar públicamente nuestra fe: es decir, si salimos en procesión es porque queremos ser mejores cristianos, haciendo vida nuestro Bautismo; y esto no sólo durante estos días de Semana Santa, sino siempre, a lo largo de todo el año, ya que el Señor Jesús nos ha llamado a seguirlo en nuestra querida y entrañable Hermandad, a cada uno según su propia vocación (según la forma concreta y personal en que Cristo le llama a vivir la fe: sea en el matrimonio, en la soltería, en la vida religiosa o sacerdotal...) Para ello, de la mano cariñosa de la Virgen, tenemos que señalar a Cristo: no se trata de que nuestra Hermandad "se luzca" (en el peor de los sentidos de esta expresión) y mira que con los ojos de nuestro corazón imaginamos bonita a nuestra Madre en su "paso", y menos aún de que nos luzcamos nosotros, sino de que todo el que hubiese podido vernos por la calle, admirando y rezando a su bendita Imagen, llegara a percatarse también de nuestra "imagen", esto es, de nuestro sincero deseo de ser verdaderos y buenos hijos de tal Madre y -por tanto- verdaderos y buenos hijos de Dios, pues la Virgen siempre nos lleva a nuestro Redentor, Stmo. Cristo de la Salvación; pero no podemos olvidar, hermanos, que no solo el Viernes Santo hemos de preocuparnos de que la gente note nuestra "imagen" de hijos de la Virgen Dolorosa en su Soledad, sino que (con su ayuda maternal) tenemos que esforzarnos por que se note todos los días del año.

Para ello, Dios quiere nuestra libre colaboración (Él siempre va a respetar nuestra libertad y, habitualmente, nuestra psicología). La Palabra de Dios hoy nos pide que permanezcamos junto a la Virgen en sus Dolores y en su Soledad, que no la abandonemos; es decir, que estemos "Todos junto a la Madre y bajo la Cruz". La Virgen María es la Madre de Cristo y Él nos la da como nuestra Madre espiritual en la persona de San Juan evangelista, quien nos representa a todos (Cf. el evangelio: Juan 19, 25-27). Esto supone (como nos dice el papa Francisco) mirar -contemplar- cada día al Crucificado, Stmo. Cristo de la Salvación, siendo conscientes de que Él se entrega por cada uno de nosotros, y lo hace por amor (cf. carta de San Pablo a los Gálatas 2, 20).

¿Cómo podemos, hermanos, vivir todo esto? Dios no nos pide imposibles: confiados en el cariño de nuestra Madre, Ntra. Sra. de la Soledad, vamos a procurar, al estilo de San Francisco (por tanto, con sencillez y humildad):

*Partir siempre de nuestra propia realidad, aquella en la que Dios nos "ha sembrado", pero con intención de mejorarla; se trata, pues, de vivir la conversión cristiana, siendo mejores cada día con la ayuda del Señor; lo cual nos acarreará sufrimiento como a Cristo, "Autor de Salvación eterna" (cf. la primera lectura: carta a los Hebreos 5, 7-9).
*Esto hará que seamos "buena gente", sabiendo que "el mejor predicador es Fr. Ejemplo", como nos dice San Francisco: tratando, por tanto, siempre a los demás como queremos que nos traten (siendo fieles a las palabras y al ejemplo de Jesucristo).
*Dado que no podemos ser mejores solo con nuestras propias fuerzas (cf. Juan 15, 5), todos los días hablar con el Señor, a través de la Virgen, nuestra Madre, y de San Francisco, pidiéndole -sobre todo- a Él mismo, al Espíritu Santo (la tercera Persona de la Stma. Trinidad), para ser misericordiosos como Dios lo es con nosotros: la oración diaria, el tiempo que se pueda buenamente, es necesaria e imprescindible (si uno realmente quiere a alguien, aprovecha el tiempo de que dispone, aunque sea poco, para manifestarle su cariño).
*Sin olvidar festejar nuestro ser cristiano, participando cada domingo -particularmente- en la Eucaristía, para celebrar y hacer presente el núcleo de nuestra fe, el hecho que da sentido a todo: la Resurrección de Jesucristo, su Victoria escatológica (definitiva) sobre todo lpo malo, incluso sobre la muerte, ya que nosotros estamos llamados a seguir sus pasos, a morir y a resucitar con Él. Evidentemente, nuestra participación en la Eucaristía habrá de ser a través de la radio, la televisión o internet, mientras dure esta dolorosa situación especial en que nos encontramos.
*Se trata, en el fondo, de hacer caso a nuestra Madre la Virgen: "Haced lo que Él (Cristo, mi Hijo) os diga" (cf. Juan 2, 5).

Hermanos, no dejemos nunca de confiar en Dios, pues en "(sus) manos están (nuestros) azares", toda nuestra vida, (como nos recuerda el Salmo 30), también en las dramáticas circunstancias actuales. Así pues, abramos una vez más nuestro corazón al Stmo. Cristo de la Salvación, luchemos -pues- contra nuestro egoísmo para dejarnos llenar del Espíritu Santo, y de la cariñosa mano de nuestra Madre, Ntra. Sra. de la Soledad, y con la fraternal ayuda de San Francisco de Asís, sembremos la Paz y el Bien, día a día, con ilusión y entrega.

Un fuerte abrazo fraterno.

¡Que el Señor os bendiga a todos!

Fr. Luis Vicente García Chaves, O.F.M.
Director espiritual

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