Director Espiritual

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 SEMILLAS DE PAZ Y BIEN


 

Hermanos: ¡Paz y Bien!

La pandemia que sufrimos ha de llevarnos a profundizar en nuestra vida de creyentes, miembros de nuestra querida y entrañable Hermandad; y es que (desde la fe verdadera) todo nos tiene que servir para madurar como humanos y como cristianos. Por tanto, pidamos al Stmo. Cristo de la Salvación, a través de nuestra Madre, Ntra. Sra. de la Soledad, y de San Francisco de Asís, que este periodo, tan dramático y doloroso, nos esforcemos por vivirlo verdaderamente como hijos de Dios y hermanos de todos.

Unidos a toda la Iglesia celebramos la Solemnidad de Pentecostés: nuestro deseo sincero es celebrarla como buenos cristianos, con el fin de ir mejorando nuestra vida de fe, esperanza y caridad.

Con esta Solemnidad finalizamos el tiempo litúrgico de Pascua, tras el cual retomaremos el tiempo litúrgico "Ordinario", denominado de esta forma porque en él no se celebra ningún Misterio en concreto de Jesucristo (por ejemplo, en Pascua celebramos el hecho central de su Resurrección), sino que en el tiempo litúrgico Ordinario celebramos todo el Misterio de Amor del Señor Jesús, Stmo. Cristo de la Salvación. Nos dejamos iluminar por la Palabra de Dios del Domingo de Pentecostés (que este año 2021 celebramos el día 23 de mayo).

Pues bien, después de 50 días -rebosantes de gozo- cantando la Pascua celebramos Pentecostés: la venida del Espíritu Santo. De las lecturas de este día podemos sacar el siguiente mensaje (sin olvidar que de la Palabra de Dios podemos extraer muchos otros):

**No es posible vivir como cristianos si no somos "recipientes" moldeables (en el mejor de los sentidos) por el Espíritu Santo;

**dicho con otras palabras: la vida cristiana solo es realmente tal, si es vida en el Espíritu Santo, la Tercera Persona de la Santísima Trinidad.

Antes que nada, tenemos que tomar conciencia de que en nuestro corazón, en nuestro ser, está el Espíritu Santo: lo hemos recibido en el sacramento del Bautismo y debemos acrecentar su Presencia a lo largo de nuestra vida; Dios no quiere "marionetas", sino hijos en su Hijo Jesucristo por el Espíritu Santo (en consecuencia, siempre respeta nuestra libertad y, habitualmente, nuestra psicología); por eso, el Señor desea nuestra libre cooperación para que crezca la "semilla" (nos expresamos así para entendernos con rapidez y facilidad) que Él nos regala en el Bautismo: es verdad que Dios no nos la va a quitar sino que va a permanecer con nosotros, pero sería muy triste que su "semilla" no fructificase por culpa nuestra (recordemos que "los dones y la llamada de Dios son irrevocables": Romanos 11, 29).

Por tanto, hermanos, asumiendo que todo lo bueno viene de Dios, el "Sumo Bien" (en expresión de San Francisco de Asís), pidamos -con humildad y sencillez- cada mañana al Espíritu Santo que venga a nuestras vidas, con el fin de estrenar cada día un corazón "nuevo": menos egoísta y más misericordioso (como nos enseña con su lúcido ejemplo de vida el mismo San Francisco).

¿Cómo podemos saber si vamos siendo "recipientes" que nos dejamos moldear por el Espíritu Santo?:

*si vivimos en función del bien, y del bien ajeno antes que del propio, pues "en cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común" (como nos dice la segunda lectura de esta Solemnidad, tomada de la primera carta de San Pablo a los Corintios: 1ª Corintios 12, 3b-7.12-13);

*y esto será cierto si producimos los frutos propios del Espíritu Santo (recordamos el evangelio de esta Solemnidad: Juan 20, 19-23): la paz verdadera, el perdón generoso y la alegría profunda -de saber que "(nada ni nadie) podrá apartarnos nunca del Amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro" (Romanos 8, 38-39)-.

De esta forma todo el mundo nos entenderá (según leemos en la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles: Hechos de los Apóstoles, 2, 1-11), ya que el Espíritu Santo nos dará Luz y Fuerza para hablar el lenguaje universal de la caridad cristiana, de la misericordia entrañable (recordamos que si verdaderamente hacemos el bien a alguien, esa persona nos va a entender, aunque no hable nuestro mismo idioma -como nos hace ver, con tan bonita comparación, San Antonio de Padua-).
Sin embargo, hermanos, para vivir realmente cuanto vamos reflexionando hemos de pedir a nuestra Madre, Ntra. Sra. de la Soledad (ejemplo singular de vida para nosotros después de Cristo, nuestro único y verdadero Maestro), que nos enseñe a saber acoger, diariamente, el Espíritu Santo:

*con humildad: ("Aquí está Esclava del Señor"); pero, al mismo tiempo,

*con el suficiente coraje como para ponernos manos a la obra y colaborar decididamente en el Plan de Salvación de Dios: ("Hágase en mí según tu palabra").

**(Cf. Lucas 1, 38; recordemos que estas palabras de la Virgen forman parte del pasaje evangélico de la Anunciación).

Hermanos, a pesar de la situación de pandemia que todavía seguimos viviendo, a pesar de todos los pesares, tenemos que dar "Gloria a Dios para siempre (y alegrarnos con Él)" (según nos pide el Salmo responsorial: 103), con la firme seguridad de la Presencia, constante y amorosa, del Señor en nuestro día a día: no permitamos, pues, jamás que las "telarañas" de la vida nos engañen. Por tanto, una vez más, abramos nuestro corazón al Stmo. Cristo de la Salvación, dejándonos llenar del Espíritu Santo, y cogidos de la cariñosa mano de nuestra Madre, Ntra. Sra. de la Soledad, y con la ayuda fraterna de San Francisco de Asís, sembremos la Paz y el Bien cada día, con ilusión y entrega.

Un fuerte abrazo fraterno.

¡Que el Señor os bendiga a todos!

Fr. Luis Vicente García Chaves, O.F.M.
Director espiritual

 

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